Thursday, September 19, 2013

El cuervo - Edgar Allan Poe

Llevado por la amable invitación de Andrés Felipe Marín he pasado algunos alegres momentos de los últimos días removiendo en mí el recuerdo de los poemas de Poe y he transcrito este ejercicio de traducción mío de hace unos quince años del celebérrimo poema. Acompaño esta versión con el texto original inglés y con la traducción que, del mismo, hiciera Fernando Pessoa al portugués.



{1845}                         [The American Review, Feb, 1845]


                                    EL CUERVO


En una hosca medianoche, mientras yo, acongojado y débil, cavilaba
acodado sobre un viejo y raro infolio de olvidada ciencia,
cabeceaba, casi dormitando, cuando a mis oídos llegó un súbito golpeteo,
cual si alguien, suavemente, golpeara, en mi puerta golpeara.
«es un visitante —dije para mí— llamando a la puerta de mi habitación,
                        sólo es esto y nada más.»

¡Ah, claramente lo recuerdo! Fue durante el gélido diciembre,
y cada brasa moribunda extendía sobre el suelo su fantasma.
Ansioso esperaba yo el alba; en vano de mis libros pretendí
una tregua al dolor tomar prestada –dolor por mi Leonore perdida–.
por la rara y radiante doncella a quien los ángeles llaman Leonore
                        –Aquí ya sin nombre, para siempre.–

Y la sedosa tristeza incierta crujiendo en cada cortina carmesí
me estremeció –me colmó de fantásticos terrores nunca antes sentidos–;
y entonces, para apaciguar el latir de mi corazón, me erguí repitiendo
«es un visitante que quiere entrar hasta el umbral de mi habitación
–algún visitante tardío que quiere entrar hasta el umbral de mi habitación–;
                        es esto, y nada más.»

De repente mi alma se hizo más fuerte y sin dudarlo ya más,
«Señor —dije— o señora, verdaderamente vuestro perdón imploro;
pero un hecho es que estaba adormilado y, tan suavemente, a llamar vinisteis,
tan quedamente golpeasteis, golpeasteis la puerta de mi habitación,
que escasamente seguro estuve de haberos oído» —abrí entonces de par en par la puerta—;
                        sólo oscuridad había y nada más.

Mi mirada en aquella oscuridad clavé y largo rato estuve allí escudriñando, temiendo,
dudando, soñando sueños que, hasta entonces, ningún mortal se atrevió a soñar;
pero el silencio no se quebró y el sosiego de nada dio señales,
y la única palabra pronunciada allí fue el susurrado nombre, «¿Leonore?»
así susurré yo, y el eco murmuró de vuelta la palabra, «¡Leonore!»
                        Tan sólo esto y nada más.

De vuelta ya en mi habitación, con mi alma toda ardiendo en mis entrañas,
oí de nuevo, pronto, un golpeteo más fuerte que el de antes.
«Sin duda, —me dije— sin duda se trata de algo en las celosías de mi ventana;
entonces, que hay allí he de mirar, y he de explorar este misterio
Aquiétese un momento mi corazón, he de explorar este misterio;
                        ¡es el viento y nada más!»

Entonces abrí yo el postigo, cuando, con un muy galante aleteo,
se posó allí un cuervo majestuoso de los santos días idos;
sin rendir la menor pleitesía, sin detenerse o dudar por un minuto;
mas, con porte de señor o de dama, se posó sobre la puerta de mi habitación
–justo allí, sobre el busto de Palas en lo alto de la puerta de mi habitación–
                        se posó y descansó y nada más.

Cautivó así mi ilusión triste aquel pájaro de ébano haciéndome sonreír
con la gravedad y el sereno decoro que su semblante exhibía,
«Aunque esté tu cresta cercenada y rapada, tú —le dije—, de seguro, no eres un cobarde,
fantasmal y adusto cuervo antiguo que errante arribas desde la nocturna orilla
—¡Dime cuál es tu señorial nombre en la orilla plutoniana de la noche!»
                        —Respondió el cuervo: «Nevermore»

Mucho me maravilló oír aquella ave insulsa discurrir tan llanamente,
aunque su respuesta poco sentido tuviera –poca relevancia–;
pues no podemos más que estar de acuerdo con que ningún humano vivo
fue jamás bendecido con un ave ver sobre la puerta de su habitación
–ave o animal sobre el busto esculpido sobre la puerta de su habitación–,
                        con un nombre como «Nevermore»

Pero el cuervo, posado sobre el plácido busto, solitario, sólo dijo
esa única palabra, como si en esa palabra única su alma vertido hubiese.
Nada más dijo entonces –ni una pluma agitó entonces–
hasta que escasamente murmuré: «Antes ya otros amigos huyeran
–con el alba él me dejará, tal como antes mis esperanzas huyeran.–»
                        —Y el ave dijo: «Nevermore»

Sobresaltado ante el silencio por una respuesta roto, tan precisamente dada,
«Sin duda —me dije— una frase hecha es tan sólo cuanto dice
tomada de un desdichado maestro a quien el despiadado desastre
persiguió veloz, siempre más rápido, hasta que sus canciones tuvieron un único estribillo,
hasta que las endechas de su esperanza tuvieron ese melancólico estribillo
                        de «Never-nevermore»

Pero el cuervo cautivaba aún mi ilusión haciéndome sonreír,
Deslicé de inmediato un mullido sillón frente al ave y el busto y la puerta;
y luego, hundiéndome entre el terciopelo me entregué a enlazar
ilusión tras ilusión, pensando qué quiso decir este ominoso pájaro de antaño
–este lúgubre, desgarbado, fantasmal, adusto y ominoso pájaro de antaño–,
                        al graznar: «Nevermore»

Esto me ocupaba en imaginar, sentado, mas sin pronunciar ni una sílaba
al rival cuyos ojos fieros ardían ahora en lo profundo de mi pecho;
esto y más, sentado, adivinaba, con mi cabeza cómodamente reclinada
en el terciopelo del cojín donde la luz de la lámpara se regodeaba,
pero cuyo terciopelo violeta con la luz de la lámpara regodeándose,
                        ella no oprimirá ya, ¡ah!, nunca más!

Entonces, parecióme, el aire se hizo más denso, perfumado por un incensario no visto
balanceado por serafines cuyos descensos tintineaban en el suelo alfombrado.
«Miserable —grité— tu Dios te ha concedido una tregua –por estos ángeles que te ha enviado–,
un respiro, un respiro y el nepente para tus recuerdos de Leonore;»
¡Bébelo, oh, bebe ya el amable nepente y olvida esa perdida Leonore!»
                        —Dijo el cuervo: «Nevermore»

«¡Profeta! —dije— ¡entidad maligna! –¡profeta sin embargo, seas ave o demonio!–
Te haya enviado el Tentador o bien la tempestad te haya arrojado en esta costa,
desolada aunque valerosa, en esta desierta tierra encantada,
en esta casa por el horror acosada, dime, verdaderamente, te lo imploro,
¿Acaso existe, existe un bálsamo en Galaad?, —dímelo—, dime, ¡te lo imploro!»
                        —Dijo el cuervo: «Nevermore»

«¡Profeta! —dije— ¡entidad maligna! –¡profeta sin embargo, seas ave o demonio!–
Por ese cielo que se cierne sobre nosotros –por ese Dios que ambos adoramos–
di a esta alma abrumada de aflicción si, en el remoto edén,
podrá ella abrazar a la santificada doncella a quien los ángeles llaman Leonore
Abrazar la rara y radiante doncella a quien los ángeles llaman Leonore
                        —Dijo el cuervo: «Nevermore»

«Ave o amigo, sea esa palabra nuestra señal de partida» —aullé, mirando hacia lo alto—,
¡Regresa tú a la tempestad y a la orilla plutoniana de la noche!
¡Y ni una negra pluma dejes como prueba de esa mentira que tu alma ha dicho!
¡Deja mi soledad intacta! –¡Abandona el busto sobre mi puerta!–
¡Saca tu pico de mi corazón y llévate tu efigie lejos de mi puerta!»
                        —Dijo el cuervo: «Nevermore»

Y el cuervo, sin marcharse nunca, está posado aún, está posado aún,
en el pálido busto de Palas justo arriba de la puerta de mi habitación;
y sus ojos toda la apariencia guardan de un demonio que soñando está,
y la luz de la lámpara sobre él derramándose proyecta su sombra en el suelo;
y mi alma, de esa sombra que sobre el suelo permanece flotando,
                        ¡no habrá de levantarse – nunca más!


Edgar Allan Poe
Traducción de Carlos Ciro (¿1999? - 2013)



{Texto original inglés}


                                    THE RAVEN


Once upon a midnight dreary, while I pondered weak and weary,
Over many a quaint and curious volume of forgotten lore,
While I nodded, nearly napping, suddenly there came a tapping,
As of some one gently rapping, rapping at my chamber door.
`'Tis some visitor,' I muttered, `tapping at my chamber door -
                        Only this, and nothing more.'

Ah, distinctly I remember it was in the bleak December,
And each separate dying ember wrought its ghost upon the floor.
Eagerly I wished the morrow; - vainly I had sought to borrow
From my books surcease of sorrow - sorrow for the lost Lenore -
For the rare and radiant maiden whom the angels name Lenore -
                        Nameless here for evermore.

And the silken sad uncertain rustling of each purple curtain
Thrilled me - filled me with fantastic terrors never felt before;
So that now, to still the beating of my heart, I stood repeating
`'Tis some visitor entreating entrance at my chamber door -
Some late visitor entreating entrance at my chamber door; -
                        This it is, and nothing more,'

Presently my soul grew stronger; hesitating then no longer,
`Sir,' said I, `or Madam, truly your forgiveness I implore;
But the fact is I was napping, and so gently you came rapping,
And so faintly you came tapping, tapping at my chamber door,
That I scarce was sure I heard you' - here I opened wide the door; -
                        Darkness there, and nothing more.

Deep into that darkness peering, long I stood there wondering, fearing,
Doubting, dreaming dreams no mortal ever dared to dream before;
But the silence was unbroken, and the darkness gave no token,
And the only word there spoken was the whispered word, `Lenore!'
This I whispered, and an echo murmured back the word, `Lenore!'
                        Merely this and nothing more.

Back into the chamber turning, all my soul within me burning,
Soon again I heard a tapping somewhat louder than before.
`Surely,' said I, `surely that is something at my window lattice;
Let me see then, what thereat is, and this mystery explore -
Let my heart be still a moment and this mystery explore; -
'                       Tis the wind and nothing more!'

Open here I flung the shutter, when, with many a flirt and flutter,
In there stepped a stately raven of the saintly days of yore.
Not the least obeisance made he; not a minute stopped or stayed he;
But, with mien of lord or lady, perched above my chamber door -
Perched upon a bust of Pallas just above my chamber door -
                        Perched, and sat, and nothing more.

Then this ebony bird beguiling my sad fancy into smiling,
By the grave and stern decorum of the countenance it wore,
`Though thy crest be shorn and shaven, thou,' I said, `art sure no craven.
Ghastly grim and ancient raven wandering from the nightly shore -
Tell me what thy lordly name is on the Night's Plutonian shore!'
                        Quoth the raven, `Nevermore.'

Much I marvelled this ungainly fowl to hear discourse so plainly,
Though its answer little meaning - little relevancy bore;
For we cannot help agreeing that no living human being
Ever yet was blessed with seeing bird above his chamber door -
Bird or beast above the sculptured bust above his chamber door,
                        With such name as `Nevermore.'

But the raven, sitting lonely on the placid bust, spoke only,
That one word, as if his soul in that one word he did outpour.
Nothing further then he uttered - not a feather then he fluttered -
Till I scarcely more than muttered `Other friends have flown before -
On the morrow he will leave me, as my hopes have flown before.'
                        Then the bird said, `Nevermore.'

Startled at the stillness broken by reply so aptly spoken,
`Doubtless,' said I, `what it utters is its only stock and store,
Caught from some unhappy master whom unmerciful disaster
Followed fast and followed faster till his songs one burden bore -
Till the dirges of his hope that melancholy burden bore
                        Of "Never-nevermore."'

But the raven still beguiling all my sad soul into smiling,
Straight I wheeled a cushioned seat in front of bird and bust and door;
Then, upon the velvet sinking, I betook myself to linking
Fancy unto fancy, thinking what this ominous bird of yore -
What this grim, ungainly, ghastly, gaunt, and ominous bird of yore
                        Meant in croaking `Nevermore.'

This I sat engaged in guessing, but no syllable expressing
To the fowl whose fiery eyes now burned into my bosom's core;
This and more I sat divining, with my head at ease reclining
On the cushion's velvet lining that the lamp-light gloated o'er,
But whose velvet violet lining with the lamp-light gloating o'er,
                        She shall press, ah, nevermore!

Then, methought, the air grew denser, perfumed from an unseen censer
Swung by Seraphim whose foot-falls tinkled on the tufted floor.
`Wretch,' I cried, `thy God hath lent thee - by these angels he has sent thee
Respite - respite and nepenthe from thy memories of Lenore!
Quaff, oh quaff this kind nepenthe, and forget this lost Lenore!'
                        Quoth the raven, `Nevermore.'

`Prophet!' said I, `thing of evil! - prophet still, if bird or devil! -
Whether tempter sent, or whether tempest tossed thee here ashore,
Desolate yet all undaunted, on this desert land enchanted -
On this home by horror haunted - tell me truly, I implore -
Is there - is there balm in Gilead? - tell me - tell me, I implore!'
                        Quoth the raven, `Nevermore.'

`Prophet!' said I, `thing of evil! - prophet still, if bird or devil!
By that Heaven that bends above us - by that God we both adore -
Tell this soul with sorrow laden if, within the distant Aidenn,
It shall clasp a sainted maiden whom the angels name Lenore -
Clasp a rare and radiant maiden, whom the angels name Lenore?'
                        Quoth the raven, `Nevermore.'

`Be that word our sign of parting, bird or fiend!' I shrieked upstarting -
`Get thee back into the tempest and the Night's Plutonian shore!
Leave no black plume as a token of that lie thy soul hath spoken!
Leave my loneliness unbroken! - quit the bust above my door!
Take thy beak from out my heart, and take thy form from off my door!'
                        Quoth the raven, `Nevermore.'

And the raven, never flitting, still is sitting, still is sitting
On the pallid bust of Pallas just above my chamber door;
And his eyes have all the seeming of a demon's that is dreaming,
And the lamp-light o'er him streaming throws his shadow on the floor;
And my soul from out that shadow that lies floating on the floor
                        Shall be lifted - nevermore!





{Traducción portuguesa de Fernando Pessoa}


                                    O CORVO


Numa meia-noite agreste, quando eu lia, lento e triste,
Vagos, curiosos tomos de ciências ancestrais,
E já quase adormecia, ouvi o que parecia
O som de algúem que batia levemente a meus umbrais.
"Uma visita", eu me disse, "está batendo a meus umbrais.
                        É só isto, e nada mais."

Ah, que bem disso me lembro! Era no frio dezembro,
E o fogo, morrendo negro, urdia sombras desiguais.
Como eu qu'ria a madrugada, toda a noite aos livros dada
P'ra esquecer (em vão!) a amada, hoje entre hostes celestiais -
Essa cujo nome sabem as hostes celestiais,
                        Mas sem nome aqui jamais!

Como, a tremer frio e frouxo, cada reposteiro roxo
Me incutia, urdia estranhos terrores nunca antes tais!
Mas, a mim mesmo infundido força, eu ia repetindo,
"É uma visita pedindo entrada aqui em meus umbrais;
Uma visita tardia pede entrada em meus umbrais.
                        É só isto, e nada mais".

E, mais forte num instante, já nem tardo ou hesitante,
"Senhor", eu disse, "ou senhora, decerto me desculpais;
Mas eu ia adormecendo, quando viestes batendo,
Tão levemente batendo, batendo por meus umbrais,
Que mal ouvi..." E abri largos, franqueando-os, meus umbrais.
                        Noite, noite e nada mais.

A treva enorme fitando, fiquei perdido receando,
Dúbio e tais sonhos sonhando que os ninguém sonhou iguais.
Mas a noite era infinita, a paz profunda e maldita,
E a única palavra dita foi um nome cheio de ais -
Eu o disse, o nome dela, e o eco disse aos meus ais.
                        Isso só e nada mais.

Para dentro então volvendo, toda a alma em mim ardendo,
Não tardou que ouvisse novo som batendo mais e mais.
"Por certo", disse eu, "aquela bulha é na minha janela.
Vamos ver o que está nela, e o que são estes sinais."
Meu coração se distraía pesquisando estes sinais.
                        "É o vento, e nada mais."

Abri então a vidraça, e eis que, com muita negaça,
Entrou grave e nobre um corvo dos bons tempos ancestrais.
Não fez nenhum cumprimento, não parou nem um momento,
Mas com ar solene e lento pousou sobre os meus umbrais,
Num alvo busto de Atena que há por sobre meus umbrais,
                        Foi, pousou, e nada mais.

E esta ave estranha e escura fez sorrir minha amargura
Com o solene decoro de seus ares rituais.
"Tens o aspecto tosquiado", disse eu, "mas de nobre e ousado,
Ó velho corvo emigrado lá das trevas infernais!
Dize-me qual o teu nome lá nas trevas infernais."
                        Disse o corvo, "Nunca mais".

Pasmei de ouvir este raro pássaro falar tão claro,
Inda que pouco sentido tivessem palavras tais.
Mas deve ser concedido que ninguém terá havido
Que uma ave tenha tido pousada nos meus umbrais,
Ave ou bicho sobre o busto que há por sobre seus umbrais,
                        Com o nome "Nunca mais".

Mas o corvo, sobre o busto, nada mais dissera, augusto,
Que essa frase, qual se nela a alma lhe ficasse em ais.
Nem mais voz nem movimento fez, e eu, em meu pensamento
Perdido, murmurei lento, "Amigo, sonhos - mortais
Todos - todos já se foram. Amanhã também te vais".
                        Disse o corvo, "Nunca mais".

A alma súbito movida por frase tão bem cabida,
"Por certo", disse eu, "são estas vozes usuais,
Aprendeu-as de algum dono, que a desgraça e o abandono
Seguiram até que o entono da alma se quebrou em ais,
E o bordão de desesp'rança de seu canto cheio de ais
                        Era este "Nunca mais".

Mas, fazendo inda a ave escura sorrir a minha amargura,
Sentei-me defronte dela, do alvo busto e meus umbrais;
E, enterrado na cadeira, pensei de muita maneira
Que qu'ria esta ave agoureia dos maus tempos ancestrais,
Esta ave negra e agoureira dos maus tempos ancestrais,
                        Com aquele "Nunca mais".

Comigo isto discorrendo, mas nem sílaba dizendo
À ave que na minha alma cravava os olhos fatais,
Isto e mais ia cismando, a cabeça reclinando
No veludo onde a luz punha vagas sobras desiguais,
Naquele veludo onde ela, entre as sobras desiguais,
                        Reclinar-se-á nunca mais!

Fez-se então o ar mais denso, como cheio dum incenso
Que anjos dessem, cujos leves passos soam musicais.
"Maldito!", a mim disse, "deu-te Deus, por anjos concedeu-te
O esquecimento; valeu-te. Toma-o, esquece, com teus ais,
O nome da que não esqueces, e que faz esses teus ais!"
                        Disse o corvo, "Nunca mais".

"Profeta", disse eu, "profeta - ou demônio ou ave preta!
Fosse diabo ou tempestade quem te trouxe a meus umbrais,
A este luto e este degredo, a esta noite e este segredo,
A esta casa de ância e medo, dize a esta alma a quem atrais
Se há um bálsamo longínquo para esta alma a quem atrais!
                        Disse o corvo, "Nunca mais".

"Profeta", disse eu, "profeta - ou demônio ou ave preta!
Pelo Deus ante quem ambos somos fracos e mortais.
Dize a esta alma entristecida se no Éden de outra vida
Verá essa hoje perdida entre hostes celestiais,
Essa cujo nome sabem as hostes celestiais!"
                        Disse o corvo, "Nunca mais".

"Que esse grito nos aparte, ave ou diabo!", eu disse. "Parte!
Torna á noite e à tempestade! Torna às trevas infernais!
Não deixes pena que ateste a mentira que disseste!
Minha solidão me reste! Tira-te de meus umbrais!
Tira o vulto de meu peito e a sombra de meus umbrais!"
                        Disse o corvo, "Nunca mais".

E o corvo, na noite infinda, está ainda, está ainda
No alvo busto de Atena que há por sobre os meus umbrais.
Seu olhar tem a medonha cor de um demônio que sonha,
E a luz lança-lhe a tristonha sombra no chão há mais e mais,
                        Libertar-se-á... nunca mais!


Edgar Allan Poe
Traduzido de The Raven, de Edgar Allan Poe, ritmicamente comforme com o original por Fernando Pessoa


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