Sunday, March 01, 2015

Te hablaré de los momentos y de las cosas muertas – Dos fragmentos de El libro de Monelle de Marcel Schwob


Gracias al audaz y preciso escalpelo de Jairo Guzmán que los ha compartido hace poco en Facebook, vuelvo sobre estos dos preciosos pasajes de El libro de Monelle de Marcel Schwob. Si mal no estoy, se trata de la traducción de Ariel Dilon (creo que, en español, sólo existen la suya editada por Longseller y la de Jesús Munárriz, en Hiperión)... 

 
Y Monelle dijo: Te hablaré de los momentos.
Mira todas las cosas bajo el aspecto del momento.
Deja ir tu yo a merced del momento.
Piensa en el momento. Todo pensamiento que perdura es contradicción.
Ama el momento. Todo amor que perdura es odio.
Sé sincero con el momento. Toda sinceridad que perdura es mentira.
Sé justa para con el momento. Toda justicia que perdura es injusticia.
Actúa para con el momento. Toda acción que perdura es un reino muerto.
Sé feliz con el momento. Toda felicidad que perdura es desventura.
Ten respeto por todos los momentos, y no tiendas lazos entre las cosas.
No retrases el momento: extenuarías una agonía.
Observa: todo momento es una cuna y un ataúd: que toda vida y toda muerte te resulten extrañas y nuevas.
Y Monelle dijo: Te hablaré de la vida y de la muerte.
Los momentos se asemejan a bastones mitad blancos y mitad negros;
No arregles tu vida mediante dibujos hechos con las mitades blancas. Pues de inmediato toparás los dibujos con las mitades negras;
Que cada negrura esté transida de la espera de la blancura futura.
No digas: vivo ahora, moriré mañana. No partas la realidad entre vida y muerte. Di: ahora vivo y muero.
Escancia en cada momento la totalidad positiva y negativa de las cosas.
La rosa del otoño prevalece una estación; cada mañana se abre; todas las noches se cierra.
Aseméjate a las rosas: ofrece tus hojas al arrebato de las voluptuosidades, al pisoteo de los dolores.
Que en ti todo éxtasis esté moribundo, que toda voluptuosidad aspire a la muerte.
Que todo dolor pase por ti como un insecto que ha de levantar el vuelo. No te cierres sobre el insecto que carcome. No te enamores de esos cárabos negros. Que todo gozo pase por ti como un insecto que ha de levantar el vuelo. No te cierres sobre el insecto que succiona. No te enamores de esas cetonias doradas.
Que toda inteligencia centellee y se apague en ti en el lapso de un relámpago.
Que tu dicha se divida en fulguraciones. Así tu parte de gozo será igual a la de los otros.
Ten del universo una contemplación de atomista.
No te resistas a la naturaleza. No apoyes contra las cosas los pies de tu alma. Que tu alma no dé vuelta la cara como el niño malo.
Anda en paz con la luz roja de la mañana y el resplandor gris del anochecer. Sé el alba mezclada al ocaso.
Mezcla la vida con la muerte y divídelas en momentos.
No esperes la muerte: ella está en ti. Sé su camarada y tenia contra ti; es como tú mismo.
Muere de tu muerte; no codicies las muertes antiguas. Varía los géneros de muerte con los géneros de vida.
Ten por viva toda cosa incierta, y toda cosa segura, por muerta.
 
* * *
 
Y Monelle dijo: Te hablaré de las cosas muertas.
Quema cuidadosamente a los muertos, y desparrama sus cenizas a los cuatro vientos del cielo.
Quema cuidadosamente las acciones pasadas, y apisona las cenizas; pues el fénix que renacería de ellas sería el mismo. No juegues con los muertos y no acaricies sus rostros. No te rías de ellos y no llores sobre ellos: olvídalos.
No te fíes de las cosas pasadas. No te ocupes para nada en construir bellos ataúdes para los momentos pasados: piensa en matar los momentos porvenir.
Desconfía de todos los cadáveres.
No abraces a los muertos: ellos asfixian a los vivos.
Consagra a las cosas muertas el respeto que se debe a las piedras de construcción.
No manches tus manos en la extensión de las líneas gastadas. Purifica tus dedos en aguas nuevas.
Respira el hálito de tu boca y no aspires los alientos muertos.
No contemples las vidas pasadas más que tu vida pasada. No colecciones sobres vacíos.
No lleves en ti ningún cementerio. Los muertos producen pestilencia.




Tomado de: Marcel Schwob, de: El libro de Monelle.

[Fuente bibliográfica exacta aún por confirmar]





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