Tuesday, August 14, 2012

Sobre el plagio en poesía. - T.S. Eliot

Thomas Stearns Eliot (1888-1965) el gran poeta de lengua inglesa nacido en Estados Unidos y nacionalizado británico en los años veinte, escribió en su juventud un párrafo que sigue siendo objeto de controversia y retomado muy a la ligera de tanto en tanto sin contexto y, no en pocas ocasiones, tergiversada y atribuida a otros creadores bajo la fórmula fácil de: "The bad artists/poets imitate, the great artists/poets steal" ("Los malos artistas/poetas imitan, los grandes artistas/poetas roban"), muy lejana al texto original, contenido en el ensayo sobre el poeta Philip Massinger contenido en "The Sacred Wood" (que puede leerse aquí), en donde expone:


«One of the surest of tests is the way in which a poet borrows. Immature poets imitate; mature poets steal; bad poets deface what they take, and good poets make it into something better, or at least something different. The good poet welds his theft into a whole of feeling which is unique, utterly different from that from which it was torn; the bad poet throws it into something which has no cohesion. A good poet will usually borrow from authors remote in time, or alien in language, or diverse in interest. Chapman borrowed from Seneca; Shakespeare and Webster from Montaigne. The two great followers of Shakespeare, Webster and Tourneur, in their mature work do not borrow from him; he is too close to them to be of use to them in this way.»

Lo que traduciría, aproximadamente, esto:

«Una de las pruebas más confiables es la forma en que un poeta toma prestado. Los poetas inmaduros imitan; los poetas maduros, roban; los malos poetas deshacen lo que toman, y los buenos poetas lo convierten en algo mejor o, cuando menos, en algo diferente. El buen poeta amalgama su robo en una totalidad de sensación que es única, totalmente diferente de aquello de lo que fue desprendida; el mal poeta lo arroja en algo que no tiene cohesión. Un buen poeta robará usualmente de poetas de tiempos remotos o de lenguas extrajeras o intereses divergentes. Chapman tomó prestado de Séneca; Shakespeare y Webster, de Montaigne. Los dos más grandes discípulos de Shakespeare, Webster y Tourneur, en sus obras maduras no tomaron prestado nada suyo; él estaba tan cercano a ellos que les sería inútil de ese modo.»

El plagio, como tantas otras materias primas de las artes, debe ser cuidadosamente tasado y considerado. Aunque tantas veces sea oscuro y execrable, como cualquier acción humana, ocasionalmente es luminoso y loable.


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