Ferrita


FERRITA


Allanas para mí tu herrumbre y siembro en ella los poros de mis dedos: palpitas levemente, impercetiblemente. Imagino tu centro de fuego contenido, el vórtice de suave lava, tibio, calcinante.

Sigo el rumbo de tus venas de calcio y magnesio hasta la férrea puerta y un centinela duerme junto a la llave de tu lengua que no hablo. No consigo balbucear tu silencio, decirlo con la justeza del salto al vacío y tiemblan mis dedos entre el rocío de oro de tu carne incendiada de rojo, gélida ante mis ojos. Y tú, caes con el estrépito sordo de la piedra sobre el papel. No sangras.



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